Estoy segura de que muchos habréis tenido flores en casa o quizás incluso habéis intentado plantarlas. Si es así, entenderéis perfectamente que para conseguir que una semilla llegue a darte una flor le hace falta mucho mimo, un buen sustrato, una buena luz y alguien que sepa cómo cuidar de esa flor.
Para mí, los manuscritos que recibo son como las semillas de esas flores. Y, en cuanto a libros, sí sé lo que hace falta para que una historia brille como la flor más bonita del jardín: una estructura coherente, una ortotipografía de calidad, una maquetación que le de aire al texto y una portada alineada con el mensaje y la voz del autor.